Gn 28:1 RV60a Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán.
No sé ustedes pero a mi después de tremendo engaño que le hizo Jacob y Rebeca a Isaac (Gn 27), no me quedaría ganas de volver a hablar con alguno de ellos.
Así que se me hizo llamativo que justo después del enojo que nos describe el capítulo anterior, Isaac hablara con su hijo y confirmara su bendición.
Y llegaba a esta conclusión: nuestro enojo (dolor, frustración o miedo) llega hasta cuando conocemos y aceptamos la voluntad de Dios.
Y es que Isaac, aunque prefería a Esaú, al ser un hombre de Dios debía conocer la voluntad que El ya había declarado para la vida de sus hijos.
¿Entonces para qué seguir enojado?
Ya Dios había elegido a Jacob por encima de Esaú, ¿por qué? No hay razón alguna más que el libre deseo del Señor, y eso nos puede llevar a concluir que la voluntad de Dios no siempre es para entenderla, para que nos guste o para sentirnos cómodos, nos guste o no, se va a cumplir porque El Señor es soberano.
Lo que sí debemos hacer es aceptarla y actuar acorde a ella.
¿Conoces la voluntad de Jehová detrás de esa situación que vives? Si es así, ¡gloria a Dios! Acepta Su perfecta y Santa voluntad, descarga tu vida de cualquier emoción negativa porque Dios tiene el control.
Pero si aún no la conoces, déjame recordarte:
Rom 8:28 RV60a Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
Si es así, si Dios es soberano, si nada pasa sin Su aprobación en nuestras vidas entonces, es válido preguntar:
¿Para qué seguir enojado, frustrado, adolorido o con miedo? ¡El Señor está haciendo algo bueno a nuestro favor!
Es necesario recordarlo y decirlo de tanto en tanto (y quizás más cuando menos lo entendamos): el Señor está haciendo algo bueno a mi favor.